1. El cine. El cine. El CINE.
Mi número 1 de cosas que amo mucho no podía ser otra cosa.
Plus ça change…: Crinolina o miriñaque
Hace 10 años
Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia.
(...) Y esas obviedades son, a fin de cuentas, las que vienen a recordarnos (entre otras muchas instancias culturales) estos festivales y estas filmotecas; es decir, que la cultura y la expresión artística no saben de conveniencias ni de intereses industriales, que el buen cine no lo imponen los nombres ya consagrados sino las buenas películas, que es preciso mantener y apoyar las instituciones públicas capaces de abrir espacios a la pluralidad, a la expresión creativa más exigente (por minoritaria que ésta resulte a veces), a la programación independiente de los intereses industriales o políticos.
Y conviene recordar todo esto precisamente ahora, cuando de nuevo se intenta poner en cuestión la independencia de las instituciones culturales y de su trabajo a largo plazo (…).
Es preciso recordar, en definitiva, que segarle la hierba bajo los pies a estas instituciones es una forma como otra cualquiera de suicidio cultural.
- Con esto no quiero decir -dijo- que sólo los hombres cultos, los estudiosos, puedan hacer una aportación valiosa al mundo. No es así. Lo que sí afirmo es que si esos hombres cultos, esos estudiosos, son además brillantes y creativos, lo que desgraciadamente se da en muy pocos casos, dejan tras de sí un testimonio mucho más valioso que aquellos que son solamente brillantes y creativos. Tienden a expresarse con mayor claridad y, generalmente, a llevar con pasión su pensamiento hasta las últimas consecuencias. Y, lo que es más importante, nueve de cada diez veces son más humildes que el hombre no cultivado.
La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores.
En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo (...), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar.
Y porque se ha salido de la infancia (...) se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato. (...) Una piedrita y la punta de un zapato, eso que la Maga había sabido tan bien y él mucho menos bien (...)