miércoles, 27 de abril de 2011

1984, también conocido como 2011

Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia.




1984. George Orwell

martes, 12 de abril de 2011

(...) Y esas obviedades son, a fin de cuentas, las que vienen a recordarnos (entre otras muchas instancias culturales) estos festivales y estas filmotecas; es decir, que la cultura y la expresión artística no saben de conveniencias ni de intereses industriales, que el buen cine no lo imponen los nombres ya consagrados sino las buenas películas, que es preciso mantener y apoyar las instituciones públicas capaces de abrir espacios a la pluralidad, a la expresión creativa más exigente (por minoritaria que ésta resulte a veces), a la programación independiente de los intereses industriales o políticos.
Y conviene recordar todo esto precisamente ahora, cuando de nuevo se intenta poner en cuestión la independencia de las instituciones culturales y de su trabajo a largo plazo (…).
Es preciso recordar, en definitiva, que segarle la hierba bajo los pies a estas instituciones es una forma como otra cualquiera de suicidio cultural.

(Carlos F. Heredero, Cahiers du Cinema nº 38, octubre 2010) 

lunes, 28 de marzo de 2011

A ver qué pasa

Encontrarse a horas intempestivas y volver tarde a casa.
A ver qué pasa.
Probar a responderte las miradas.
A ver qué pasa.
Dormir a pares con la vigilia interrumpiendo.
A ver qué pasa.
Agrandar tus detalles y construir una idea con ellos.
A ver qué pasa.
Dejarte entrar cuando las ganas nos puedan.
A ver qué pasa.
Interrumpir el invierno por tiempo indefinido.
A ver qué pasa.
Inventarse una confianza para creérsela.
A ver qué pasa.
Obviar la inseguridad y llevar la iniciativa.
A ver qué pasa.
Sincerarse con metáforas abiertas al público.
A ver qué pasa.
Dejarse llevar.
A ver qué pasa.
Olvidar que antes he vivido, y dar de nuevo el salto al vacío.


Probar a quererte. A ver qué pasa.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La importancia de tener inquietudes culturales

- Con esto no quiero decir -dijo- que sólo los hombres cultos, los estudiosos, puedan hacer una aportación valiosa al mundo. No es así. Lo que sí afirmo es que si esos hombres cultos, esos estudiosos, son además brillantes y creativos, lo que desgraciadamente se da en muy pocos casos, dejan tras de sí un testimonio mucho más valioso que aquellos que son solamente brillantes y creativos. Tienden a expresarse con mayor claridad y, generalmente, a llevar con pasión su pensamiento hasta las últimas consecuencias.  Y, lo que es más importante, nueve de cada diez veces son más humildes que el hombre no cultivado.



"El guardián entre el centeno", J.D. Salinger.

martes, 8 de marzo de 2011

Y una noche impar de esas que últimamente ganan por mayoría, te da por recordar ese contacto horizontal que tenía el don de proporcionarte una seguridad ilimitada. Ese en el que el calor que emanaba su piel te susurraba que no te podía pasar nada, que todo estaba bien, que estabas a salvo.
Y con la sensación de protección ya interiorizada, los párpados se rendían a la gravedad y la conciencia te abandonaba en un viaje de ocho horas.

Lo recuerdas. Y el recuerdo te produce el efecto contrario de ese abrazo a oscuras, a pesar de que sea tan nítido que casi puedes sentirlo como a un miembro fantasma. Pero aunque hayas retenido en tu memoria esa sensación como si la hubieras vivido recientemente, descubres que la única diferencia reside en que al darte la vuelta para responder, la realidad te recibe adoptando la textura de tus sábanas.

martes, 1 de marzo de 2011

Rayuela

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores.
En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo (...), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar.
Y porque se ha salido de la infancia (...) se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato. (...) Una piedrita y la punta de un zapato, eso que la Maga había sabido tan bien y él mucho menos bien (...)


Julio Cortázar

martes, 22 de febrero de 2011

Siempre había tenido la habilidad de abstraerse en las discusiones. A pesar de los gritos, el sentido auditivo estaba cubierto por una gruesa capa de indiferencia, y la voz cada vez más aguda chocaba con su mirada hueca y se transformaba en un zumbido.

Decidió entonces concentrarse en el rostro que gestualizaba de forma exagerada frente a ella: estaba enmarcado por una melena cada vez más corta, escasa y quebradiza, como la ilusión, los sueños, las ganas, la vida. Los años le habían robado el color, sustituido por mezclas químicas, hermanas de los ingredientes que componen el tinte del alma, pues ésta se vuelve cana con el paso de los años.
En sus ojos se había instalado el cansancio, que había esculpido su mirada, transformándola de tal forma que resultaba complicado atisbar los restos de la sonrisa ocular que empeñó para correr con los gastos de unas circunstancias impuestas. La comisura de sus labios había adoptado la forma de la gráfica de su vida, constituyendo una línea descendente cada vez más fina.

Quiso dejar paso a la observación general, y apareció ante ella un espejo con aspiraciones de futurólogo que portaba un panfleto con pequeñas anotaciones sobre un pasado. La cara que tenía ante ella había sido hermosa, pero la cirugía de los acontecimientos la deformaron con el bisturí de las malas elecciones hasta transformarla en una caricatura cansada de lo que fue.
Las arrugas que le surcaban el rostro eran demasiado profundas para su edad, y estaban estratégicamente colocadas atendiendo a las emociones y sentimientos que la habían gobernado estos últimos años: en la frente, la preocupación, en los ojos, el llanto, y en la boca, los numerosos cigarros con significados no interpretados.

Un sentimiento de angustia la invadió al ver su muy probable futuro, pues a pesar de que se había jurado no ser como ella, en el fondo sabía que se parecía más de lo que hubiese deseado.
Ante el asombro y el enmudecimiento repentino de los repetitivos gritos vacíos, se dio media vuelta y se dirigió a su habitación. Abrió el cajón que contenía su equilibrado desorden y cogió el aparato que le permitiría retener su personalidad no violada aún por la urgencia del tiempo. Quería saber quién era y quería mantenerlo, quería ser una heroína, la primera persona en vencer al auto-olvido.

Click.

martes, 8 de febrero de 2011

Siempre pensó que el mar era de color verde...





... hasta que un día descubrió que era azul oscuro.