lunes, 10 de diciembre de 2012


Esa mañana, se levantó en su fotografía. No podía darle la vuelta para evitarla, pues era consciente de que el marco era él mismo. Tomó sus pastillas para el dolor matutino – tengo que comprar otra marca – pensó, - la indiferencia que prometen no aparece por ningún lado -.  Se dirigió a la cocina y cogió la lista de la compra que estaba pegada con un imán de promoción.

Tijeras 
Pegamento
Pastillas de indiferencia
Cuerda
Chocolate

Junto a “pastillas de indiferencia” escribió “otra marca” para acordarse cuando llegase a la farmacia.

Se vistió de manera automática con la ropa que eligió la noche anterior, cogió la cartera y salió a la calle. La mañana era espléndida, de las que a él le gustaban: azules y amarillas, de esas que repelen los cuerpos artificiales que estamos obligados a llevar seis meses al año. Pero a pesar del regalo que la meteorología le hacía, sentía que el día no hacía juego con él.

Malditas pastillas.

Se dirigió a la tienda de barrio más cercana. Nunca le gustaron las tiendas de barrio, le resultaban demasiado íntimas e incompatibles con la timidez, por eso, se apresuró a coger todo lo que necesitaba evitando preguntar al dependiente, que observaba con atención sus movimientos, pues no había nadie más allí dentro y no fuera a ser que en un descuido uno de sus productos resbalara y evitara el suelo cayendo en uno de sus bolsillos.
Cuando al fin salió de la tienda notó cómo descendían sus niveles de ansiedad. El suspiro de alivio que lanzó hizo las veces de pistoletazo de salida y sus pies comenzaron a moverse en dirección a la farmacia. Era consciente de que junto a su portal había una, pero decidió entrar en la que hacía esquina tres calles más allá, ya que siempre prefirió los caminos enrevesados a los directos.  - Así me va, convertido en pastillero para adormecer latidos que me gritan lo que ya sé y no quiero oír -, pensó.


-       Pastillas de indiferencia, por favor.
-       ¿Qué marca?
-       ¿Cuáles tiene?
-       Nos quedan “Lamarcadesiempre” y “Otramarca”
-       Déme “Otramarca”


Con la caja de pastillas convenientemente envuelta por el farmacéutico para preservar la intimidad de lo que cada uno hace con su cuerpo, subió a su casa, y al entrar, pensó que la luz que se colaba en ella llenaba sus rincones de la misma manera que la frustración tapaba los suyos. Envidió cada habitación del piso, por poder vaciarse y llenarse, y en ese momento decidió comenzar con el plan.

Sacó las tijeras y agarró con la mano el nacimiento de la cuerda que crecía a la izquierda de su pecho. El pulso le temblaba, pero consiguió cortarla. Al otro extremo de la cuerda, unas calles más lejos, notó cómo ella caía de espaldas tras el cese de la unión.
Cogió la cuerda nueva y el pegamento y los guardó a buen recaudo, junto a una fotografía en negativo que presentaba una cara desconocida. Abrió el bote de chocolate que estaba en el fondo de la bolsa y observó un texto impreso en la tapa:

Indicado especialmente para soledad crónica y cortes dolorosos de liberación. No se registraron efectos secundarios. Puede causar retención de líquidos al impedir el llanto.

De pronto, empezó a sentir que se desbordaba, que se caía por dentro. La amputación comenzó a sangrar y se asustó. Desenvolvió a toda prisa la caja de pastillas y las echó todas en el bote de chocolate, que comió compulsivamente, pero cuando tocó el fondo con la cuchara, su cabeza dejó de responder y se mareó. Intentó levantarse para coger el teléfono, para llamarla y decirle que aunque las putas pastillas esta vez sí han hecho efecto, no iba a olvidarla, pero sus piernas se habían convertido en unas columnas de papel arrugado, por lo que tropezó con la mesa que presidía el salón y cayó inconsciente sobre su fotografía velada.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Pies

Recostada sobre muelles, espuma y tela, recorro con mi vista ciega los surcos de mi cuerpo. Voy palpando cada pelo, cada lunar, cada vena en relieve, cada célula, cada cicatriz en forma de relato breve. Y llego al antagonista del pensamiento, a la materialización de mi azotea abstracta, a mi apoyo silencioso.

Como un ciego absorto en una novela en braille, toco las zonas hundidas, los resaltos, las curvas, sus huecos. Mis manos son jóvenes, pero sus complementarios opuestos reflejan toda una vida, una enciclopedia de historias y de suelos amantes, y pienso que en realidad los ojos no son el espejo del alma, que si el futuro se lee en las manos, el pasado puede reconocerse más abajo, que todo lo que he caminado formó las arrugas de mis pies. Cada mirada, cada saludo, cada voz, cada caricia subcutánea, cada zumo interpersonal. Y al tocarlo siento las cosquillas de los recuerdos, y un reflejo nervioso sacude el final de mi extremidad...

... y me vuelvo vieja de repente. Las arrugas narradoras de mi pie se alargan como raíces de un árbol centenario y recorren todo mi cuerpo hasta las puntas de mis manos, en las que el futuro se ha hecho grano, que he regalado al cansado caminante que ahora habita en ellas, que no sabe del mañana, pero que graba en relieve cada paso, para tener la certeza de su existencia y no olvidar que su camino supuso el cambio del caudal de las vidas que se cruzaron con su bastón peregrino.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

(...) Leonard Cohen, el poeta, vivía al otro lado del pasillo. Pensé que podía ser bonito que conociera a Edie. Estaba metido en el rollo del incienso y las velas, y leía muchos libros de la librería esotérica de la calle Veintitrés para aprender cómo colocar las velas según el concepto místico de los budistas. Quemaba toneladas de incienso. A los del hotel Chelsea no les hacía mucha gracia. Siempre estaban intentando echarle. Quemaba algo que hacía muchísimo humo y como el vestíbulo se llenaba de humo, tenían que estar llamando continuamente a los bomberos.
Lo llevé a que conociera a Edie. Zoë, la amiga de Edie, se había quedado dormida en el suelo. Se le había pasado el efecto de las anfetas y se había caído sobre un tubo de pegamento que se reventó (...) Edie estaba hablando por teléfono. Tenía un gato con ella. Era hijo del gato de Bob Dylan y su nombre era Smoke. Llevé a Leonard Cohen a ese rollo. Lo que más le interesó fueron las velas que Edie tenía alineadas en la repisa de la chimenea. En cuanto las vio empezó a preocuparse. Me dijo: "No sé si debo decírselo o no, pero esas velas están colocadas de una forma que desprenden un influjo maligno. Fuego y destrucción. No tendría que tontear con estas cosas porque tienen mucha importancia." Era todo muy complejo. Tenía que ser alguien muy metido en el arreglo de velas y en las velas de vudú haitianas para saberlo. Pero cuando Leonard se lo dijo a Edie, ella contestó que era una estupidez y que sólo eran velas. ¿Es irónico, verdad? O sea, su vida estaba llena de advertencias. Muy poco tiempo después, su habitación se incendió y el gato desapareció.


Danny Fields en Edie, biografía de Edie Sedgwick escrita por Jean Stein y George Plimpton.

lunes, 29 de octubre de 2012

Recordar, del latín recordari, que se compone a su vez de re- (de nuevo) y -cordis (corazón).

Recordar significa mucho más que tener presente a alguien en la memoria, significa "volver a pasar por el corazón".



Nadador: que nada.





El nadador que nada una y otra vez por el corazón. 

martes, 23 de octubre de 2012

The Deep Blue Sea y el amor

En la maravillosamente realizada The Deep Blue Sea de Terence Davies, se tratan los temas de la pasión, el amor, y las consecuencias que derivan de confundir, mezclar y llevar al extremo estas dos emociones. En una de las escenas, Hester (Rachel Weisz), se encuentra con la casera de su edificio en las escaleras, y a raíz del intento de suicidio que ha protagonizado Hester esa misma mañana, la casera le recrimina su actitud. Hester lo achaca al amor que siente por su pareja, diciéndole que a veces es difícil juzgar cuando uno se encuentra entre la espada y la pared (between the devil and the deep blue sea).  Su casera, que cuida de su marido enfermo y en cama, le responde con una definición del amor que considero de lo más acertada:

Se dicen muchas gilipolleces sobre el amor. ¿Tienes idea de qué es el amor verdadero? Es limpiarle el culo a alguien y cambiarle las sábanas cuando se mea encima, para que pueda mantener intacta su dignidad y los dos podáis mirar juntos hacia delante.

Y es que el enamoramiento no es más que una variante de la pasión. El amor es otra cosa.

jueves, 11 de octubre de 2012

Blancanieves - Pablo Berger -




Ahora que parece que el audiovisual en España agoniza debido a los recortes de un gobierno que rechaza  y  desprecia la cultura, películas como Blancanieves se hacen necesarias (siempre lo son) para evidenciar la necesidad de invertir en cine español, ya que hay el talento y la cultura cinematográfica suficiente como para realizar productos de calidad como este largometraje.

Pablo Berger demuestra con Blancanieves que ama el cine, y que ha visto mucho, además. La película es una sucesión de homenajes al cine-que-cimentó-el-cine, esto es, las primeras películas mudas, las clásicas y también vanguardias como la corriente soviética. En el altísimo número de planos que hay se adivina a Eisenstein o a Kuleshov, sobre todo en los primeros planos contrapicados de los extras (con gestos y clase social idénticos me atrevería a decir); cuando Berger enfoca en ocasiones a Carmencita, la protagonista, la composición recuerda muchísimo a La pasión de Juana de Arco de Dreyer, especialmente en la escena en la que ella sale al ruedo.
Pero si hay una película de la que Blancanieves bebe, es Freaks, de Ted Browning. Los planos de inicio de la escena en la que Carmencita come por primera vez con los enanos llevan inevitablemente a la escena final de la película de Browning, aquella en la que todos los personajes, alrededor de una mesa, aceptan a Cleopatra al ritmo de "We accept her. One of us". De la misma manera en esta secuencia, los enanos están aceptando a Carmencita como una de ellos. Asimismo, la secuencia final de la película, con la barraca de feria, los "fenómenos" que se exponen al público, las atracciones humillantes... rezuma el clásico de Browning en cada fotograma.

Muchas son las comparaciones que se han hecho con The Artist, comparaciones que me parecen inevitables pero desafortunadas, ya que en lo único en lo que coinciden las dos es en ser mudas en una época en la que el cine mudo es una alternativa experimental. Blancanieves ha tenido la desgracia de ser estrenada un año después, a pesar de que su proceso de escritura y realización es bastante anterior a la película francesa, y por ello suele salir perdiendo injustamente en las comparaciones, ya que la española me parece superior, a pesar, repito, de que no tienen nada que ver. Mientras que The Artist "imita" el cine mudo para contar la historia del final del mismo, Blancanieves es cine mudo puro; la historia de The Artist es una mezcla de Cantando bajo la lluvia y Ha nacido una estrella, en cambio, en Blancanieves se va más allá y le da una vuelta a la historia en la que se inspira, enmarcándola en el folclore más castizo, un marco (el del toreo, el de la España profunda, cateta y de pandereta) que no gusta a todos y cuya imagen proyectada depende de la interpretación del espectador.

Aun así, Blancanieves marca una diferencia y se convierte en una película esencial en la cinematografía española de este siglo, (junto con otros cineastas como Isaki Lacuesta o Jaime Rosales) que sirve de instrumento para demostrar que se puede y que se sabe, y que el cine español necesita los medios económicos y el apoyo moral de los espectadores para poder desarrollarse en líneas de calidad similares, porque es obvio que aquí el cine sabe hacerse bien.


lunes, 1 de octubre de 2012

Historias cortas para gente con prisa

El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español. Ésa y no otra debía ser la causa del plato que tenía delante, pensó. Había pedido algo típico, por cambiar, en un intento de inmersión en una cultura opuesta a sus raíces, o más bien en un intento de huida de sus raíces. Pero allí estaba el plato equivocado, mirándole fijamente, reprochándole el sol que estaba absorbiendo, recordándole el frío que dejó y que cada noche le eriza la piel en ese hotel sin aire acondicionado.

El cuadro gastronómico que tenía ante si formaba imágenes que le desconcertaban. La textura del filete se asimilaba a la espalda de una mujer que conoció y deseaba haber desconocido, y precisamente lo que ese filete le inspiraba era lo único que ella le había ofrecido: su espalda.
Las patatas que lo acompañaban incrementaban aún más la identificación que quería evitar a toda costa. Rubias y duras por fuera, causantes de males de corazón si se consumen en exceso. - Maldita equivocación - pensó en el idioma menos parecido al español. - Me he empeñado tanto en olvidar de dónde me fui que olvidé aprender dónde estoy.

El hombre, sueco o finlandés, engulló el plato para no verlo más, sin darse cuenta de que ahora lo tenía en su interior.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La definición del oficio de guionista

Una vez hablaban Marco Ferreri y Rafael Azcona sobre el guión. Azcona le preguntó a Ferreri en qué consistía eso de escribir guiones, a lo que el director y guionista italiano le respondió:

Tú escribe de manera que si alguien lee sólo los diálogos no se entere de nada.

Y de esa forma enunció la mejor definición de guión que nadie podría haber hecho.