lunes, 18 de junio de 2012

Resulta curiosa la capacidad y la voluntad de transformarse en cuerda. Para ello es necesario, primero, haber experimentado demoliciones internas y posteriores auto-reconstrucciones, o lo que es lo mismo, haber sido portador de mucha agua salada y tener los brazos acostumbrados a sujetarse a otras cuerdas; y segundo,  poseer una base sólida, puesto que se han de soportar diferentes pesos, dependiendo de la mano que se sujete y de la cantidad de agua salada que lleve consigo.
Las funciones de la cuerda son dos: servir de sujeción para evitar la caída de la persona en reconstrucción, y balancearla con el fin de ir vertiendo poco a poco el agua salada que no permite el ascenso y emborrona la visión de la realidad.

Como digo, es curiosa la querencia por ser cuerda. Puede que sea por la sensación de salvar, por pura empatía, por ayudar a alguien a completarse a si mismo y ver el resultado, o simplemente por la curiosidad de ver la cara de quien se sujetaba cuando ha logrado ascender.


Todo este despliegue de ayuda a la reconstrucción sirve también (y sobre todo) a manos desconocidas aunque percibidas muy levemente, y su finalidad es la sonrisa no vista pero sí sentida. Y eso es todo lo que necesita la cuerda.


Podrían hacerse muchas cosas para proponerse como soporte, podría intentarlo hasta yo, pero lo único que sé hacer es escribir, así que aquí estoy, hablando sobre cuerdas para decirte lo que ya sabes de la manera más redundante que he encontrado.

miércoles, 13 de junio de 2012


Ser pianista con las letras.
Magnificar un detalle.
Jugar a ser Dios, a ser madre y a ser destino.
Amar personas que no existen.


Olvidarse de uno mismo.

La adrenalina del folio en blanco.
El aroma de la tinta analógica.
La excavación de un recuerdo, su adaptación.
Los verbos propios,  los nombres comunes.
La sonrisa de la complejidad.
La construcción invisible pero sólida.
Los brincos internos.
La pasión de las horas veloces.
La abstinencia del oficio.



La felicidad. La plenitud. La escritura.

sábado, 9 de junio de 2012

El elemento subjetivo

La felicidad consta de cuatro elementos, a saber: tinta, papel, ojos y el elemento subjetivo.

El elemento subjetivo es diferente según la persona o combinación de personas. Además, este elemento subjetivo puede ser variable, sumarse a otro ajeno o sustituir otro de los elementos establecidos. De esta manera, una espalda puede hacer las veces del receptor de la tinta (papel) e incluso estimular a los ojos con la visión de las letras sobre piel caliente y palpitante.
En otras ocasiones, el elemento subjetivo resulta ser un dedo, recipiente de una tinta invisible que, en una combinación de personas (y de casualidades deseadas pero casi inexistentes) que posean el elemento-dedo y el elemento-espalda puede dar lugar a una felicidad plena, puesto que aúna lo sensorial con lo emocional.
Hay quien tiene la suerte de que su elemento subjetivo coincida con los ojos. Los ojos de estas personas son lectores, escritores y receptores, o lo que es lo mismo, tinta, papel y ojos en un rasgo par. Cuando te miran, te ven, y resulta imposible escapar de sus letras circulares.

Por último hay gente, muy poca, los más afortunados, que no poseen ninguno de estos elementos de los que consta la felicidad. No los tienen, porque lo son. Son tinta, porque marcan; son papel, porque acogen; son ojos, porque iluminan. Estos individuos casi en extinción son, aunque no sean conscientes de ello y malvivan social y psicológicamente, proveedores de felicidad, puesto que son elemento subjetivo en si mismos.

viernes, 1 de junio de 2012

On/Off

On/Off o Realidad vs. Ficción.

Hay una línea casi invisible que separa el on del off. Muchas veces el interruptor está flojo y cambia de estado sin avisar. Confundimos nuestro mundo interior con el mundo que nos muestra una pantalla iluminada (cuyo tamaño varía dependiendo del soporte) y nos encariñamos con lo que creemos que son personas pero que en última instancia son unas letras junto a un avatar manipulado.

El problema viene cuando queremos que el on (en su totalidad o una parte de él) se transforme en off. Lo que resulta de ello es una realidad postiza y a todas luces insatisfactoria, porque no hay que olvidar que en el on somos pequeños dioses con un control absoluto, pero al mutarlo en off los elementos de la ficción se comportan con autonomía, porque ya no vivimos a través de máquinas perfectas, sino que convivimos con personas imperfectas.

A pesar de todo, a mí la ficción me ha parecido siempre más bonita, y aunque naturalizar lo desnaturalizado puede ser peligroso, no puedo evitar llevar un tiempo intentando reunir valor para transformar en off un elemento muy concreto de mi on.

domingo, 27 de mayo de 2012

A Rocío

Existen las personas-luz y las personas iluminadas. Obvia decir que las personas-luz brillan por sí mismas,  mientras que las personas iluminadas necesitan de las primeras para poder ser luminosas, y si no cuentan con una persona-luz cerca de ellas, se apagan y entran en el mundo de los grises.
Yo pertenezco a la categoría de las sombras, y hace unos meses conocí a una persona-luz con un brillo con más vatios de lo normal. Tuve la enorme suerte de que ella me alumbrara,  y pasé de estar apagada a disfrutar de su generosa aura lumínica. Como la unión entre personas iluminadas y personas-luz no se da con frecuencia (ya que estas últimas son escasas y valiosas), a veces no manejaba tanta claridad y llegaba a abusar de su brillo, pero la generosidad es una característica inherente de este tipo de personas, y en ningún momento hubo amenaza de apagón.

Ahora la persona más luminosa que he conocido se marcha a seguir alumbrado a más gente, y a compartir su luz con los que, como yo, no tenemos la suerte de brillar por nosotros mismos.

Y mientras ella contagia su don en una isla muy al norte, yo espero a oscuras a que llegue septiembre para volver a encenderme.

sábado, 26 de mayo de 2012

- ¿Nos vemos mañana?... Nos vemos mañana y pasado mañana
- Y el día después. Y también el otro.
- Y el de después.
- Y esta noche.
- A las ocho, donde siempre.





L'Eclisse, Michelangelo Antonioni

miércoles, 2 de mayo de 2012

lunes, 23 de abril de 2012

Me urges.

Así que estés donde estés,
seas quien seas,
acelera el paso,
desafía tu tiempo interno
y ven.


jueves, 19 de abril de 2012

REC 3: Génesis



Título original: REC 3: Génesis
Dirección: Paco Plaza
Guión: Paco Plaza, Luis Berdejo
País: España
Año: 2012
Duración: 80 minutos
Reparto: Leticia Dolera. Diego Martín, Mireia Ros, Ismael Martínez, Borja González Santaolalla, Emilio Mencheta, Itziar Castro.

Para las dos últimas partes de la saga, Jaume Balagueró y Paco Plaza decidieron repartirse la dirección, siendo el primero quien dirigiera la última, y Plaza la tercera. A falta de ver REC 4: Apocalipsis, que se estrenará en 2013, debo decir que esta tercera parte es la mejor de la franquicia hasta ahora, y que a Paco Plaza le va muy bien sin Balagueró.
Resulta muy complicado ser innovador con un argumento que ya lo fue en su día y que a base de repetirse en secuelas ha dejado de serlo, pero REC 3 consigue ser original aprovechando justamente ese hándicap y aplicando la máxima "hagamos lo contrario para que sea diferente". Y esta diferencia no se encuentra en la historia ni en el desarrollo de la trama, pues como en sus predecesoras se trata de huir de zombies (o poseídos que parecen zombies) y escapar de un edificio, sino en la forma y el estilo.
Ya casi desde el principio se desmarca de las películas anteriores cuando lleva aproximadamente unos veinte minutos rodada con cámara casera al hombro y Koldo (el novio), al grito de "ni se te ocurra grabar nada" (oponiéndose a la famosa "grábalo todo, por tu puta madre"de REC) rompe la cámara. Fundido a negro, el título en la pantalla, y el espectador desconcertado. No hay mejor punto de giro que romper, literalmente, con uno de los pilares de la saga.
A partir de aquí, REC 3: Génesis deja a un lado el terror para mostrarnos una mezcla de gore y humor, tanto negro como costumbrista al más puro estilo Berlanga. A muchos les habrá molestado este cambio de género, pero a mí me parece todo un acierto, ya que, de continuar con el terror, corría el peligro de volverse repetitiva y predecible, como ya ocurrió en la segunda parte, perdiendo, por tanto, su eficacia.
Lo más importante para que una saga no caiga en una sucesión de clones es la innovación, y esto es algo que Paco Plaza ha sabido captar y aplicar, demostrando que se puede seguir siendo original manteniendo el concepto y que todavía se puede reproducir el mismo sentimiento de sorpresa y satisfacción de ver algo diferente que se produjo con el estreno de REC.